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Microhabilidad Visión Personal

Observaciones

y preguntas preliminares

Desde hace unos cuantos años, venimos observando que las personas tanto en forma individual como colectiva sentimos muchas veces que nuestra vida está a la deriva.

Todo estaba perfectamente ordenado y de golpe… ¡paf!!! ¿Para qué estaba yo haciendo esto?, ¿Qué hago con esta pareja?, ¿y para esto dediqué tantos años de formación?, ¿tiene sentido el ritmo de compromisos que asumo día a día?

Estas y otras preguntas por el estilo que en algún momento nos asaltan, nos acaecen como cuestión característica de este tiempo que nos toca vivir. A nuestros abuelos por ejemplo no se les ocurrían estas preguntas. Tenían otras.

Estamos viviendo formas de vida (de las cuales somos actores y guionistas simultáneamente) que van gestando este fenómeno de “estar a la deriva” y conviviendo con la incomodidad de las preguntas señaladas sin respuesta.

Incluso aquellos que encontraron rápidamente una vocación o heredaron algún proyecto familiar (profesión, empresa, etc.) no tienen garantizado que estas preguntas no los acechen en algún momento y por tanto estar libres de esta cuestión.

El mundo de hoy se presenta mucho más incierto de lo que pudimos suponer alguna vez y por tanto estamos a la deriva simplemente por vivir en este tiempo. Por ejemplo, hace quince años podíamos estar tranquilos de entrar en un trabajo y jubilarnos en el mismo. Hoy no nos ocurre lo mismo.

Y lo que nos angustia mucho más es sospechar que esta situación no le pertenece a una coyuntura, sino que estamos viviendo un tiempo de transformaciones estructurales que no tiene vuelta…

Nos hemos preguntado más de una vez: ¿Cómo es que sigue aconteciendo esto día a día en todo el mundo? o ¿cómo, habiendo hoy tal hiper-oferta de cursos, la mayoría de las personas siguen sintiéndose a la deriva en sus asuntos más fundamentales?

La primera conclusión que vamos sacando es que no nos alcanza con comprar recetas y herramientas genéricas, sino que necesitamos aprender a definir un rumbo que sea propio a cada persona, organización y/o país que pretenda supervivir en este tiempo y no simplemente sobrevivir.

¿Será tal vez que las personas en general y los dirigentes en particular no detectan las insatisfacciones a las que estamos haciendo referencia? o ¿será tal vez que las observan y no creen que se pueda aprender y hacer algo al respecto?

¿Serán tan necios como para observarlas y seguir adelante a toda máquina como el Titanic?

La preocupación por desconocer el rumbo hacia donde están dirigiendo sus vidas no tiene que ver con la edad, ni con el tamaño del emprendimiento en el que se encontraban, ni con la posición económica. Simplemente coincidían en que nunca se habían hecho cargo seriamente de la pregunta por la dirección que tomarían sus vidas y mucho menos legitimar su ignorancia al respecto como para poder aprender.

La indagación deriva en una pregunta:

¿Tiene Ud. una clara definición del rumbo que quiere para su vida, que oriente y confiera sentido a sus esfuerzos y al de las personas que lo acompañan en los distintos ámbitos de la vida, de manera tal que Ud. se sienta partícipe de algo más grande y trascendente que la suma de tareas específicas que realiza cada día?

La respuesta automática que recibimos en un alto porcentaje fue:

“…lo que pasa es que yo podría parar para hablar de estos “temas tan filosóficos” si no tuviera tantos problemas…”

Todos conocemos historias de personas que transformaron sus problemas en oportunidades, aunque estas competencias no las aprendieron en las escuelas.

Es como si negáramos la importancia del aire para respirar. Sin embargo, no vivimos sólo para inhalar y exhalar el aire.

“Si no tienes una visión, vas a estar atrapado en lo que sabes. Y lo único que sabes es lo que ya has visto”.

Iyanla Vanzant