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Microhabilidad Modelos Mentales

Percepción

Las diferentes percepciones, opiniones y acciones no constituyen un problema en sí mismas.

Ellas se vuelven conflictivas, sin embargo, cuando cada persona cree que su manera de ver las cosas (de acuerdo con su modelo mental) es la única manera de verlas; al menos, la única “razonable”. Por supuesto la “razonabilidad” es una opinión condicionada por el modelo mental de cada persona. Cada uno cree que su modelo mental es el válido. En vez de utilizar las diferentes percepciones para expandir sus perspectivas e integrarlas en una visión común, cada uno de los interlocutores se aferra a su punto de vista. En vez de indagar sobre el razonamiento del otro para comprender su modelo mental, los interlocutores se traban en una batalla para definir quién tiene la razón, quién tiene la interpretación “correcta” de la realidad.

“Cuando decimos que planteamos un modelo, nos referimos a una forma de observar lo que para nosotros sucede, lo que no quiere decir que eso exactamente suceda, sino que es una manera de observar, que puede permitirnos nuevas posibilidades de acción.

El fenómeno de la percepción ha sido estudiado durante muchos años por psicólogos, biólogos, neurólogos, físicos cuánticos, etc. Aún resulta un gran misterio a descifrar, pero los avances han permitido nuevas formas de observar el fenómeno.

La palabra percepción viene de la expresión latina “per capire” que significa “a través de la captura” y lleva implícito en esto, el significado de que percibir es capturar un mundo que es  independiente del que captura. Es decir que desde esta concepción todo lo que percibimos es independiente de nosotros. Para entender esto podemos decir que si yo veo una silla color roja en una habitación, la silla no pertenece a mi mundo, sino que es externa a mí. Esto parece obvio para nosotros y parecería casi indiscutible la existencia de la objetividad. 

El biólogo chileno Humberto Maturana viene investigando hace más de cuarenta años el fenómeno de la percepción y la forma en que funciona el sistema nervioso de los seres humanos. Maturana postula “No disponemos de mecanismos biológicos que nos permitan hacer referencia a un mundo separado del observador que está observando”. Podríamos volver sobre el ejemplo de la silla y comprender que según nuestra estructura biológica podemos percibir que ese objeto es una silla y de color rojo. Otros seres vivos según su estructura biológica podrían ver que ese objeto es de otro color. Por ejemplo los perros distinguen colores diferentes a los seres humanos. Así también un daltónico podría percibir que esa silla es de color bordó, ya que su estructura biológica le permite esa distinción. Entonces vemos lo que vemos porque somos como somos, y por lo tanto lo que nos ocurre en nuestra experiencia de vivir está relacionado no sólo con el estímulo externo sino con su impacto en nuestra estructura biológica. Por lo tanto lo que sucede en nuestra vida tiene que ver con lo que somos capaces de percibir y no con lo que “realmente ocurre”. Lo que nos sucede como comunidad depende de los criterios sociales que valida cada comunidad. Es decir que si como comunidad todos validamos que a un objeto determinado lo denominamos silla, para esa comunidad eso es una silla. Esto no quiere decir que realmente sea una silla para otras comunidades.   

Existe una película llamada “Y los dioses estaban locos” que gira en torno a una situación en la que un piloto de un avión norteamericano que volaba por África, tiró su botella de gaseosa por la ventana y la recibió un integrante de una tribu en la cual no tenían conocimiento de que existieran tales botellas y mucho menos las gaseosas. Su percepción (compartida con los otros integrantes de la tribu era que los dioses habían mandado una señal…). Es interesante observar que el objeto en sí no significa nada en especial sino que adquiere sentido en la experiencia del que objetiva o percibe. Es por ello que si bien no podemos negar la existencia de un objeto, siguiendo a Maturana, “ponemos entre paréntesis nuestra percepción” como una forma de contemplar que otras personas con creencias  distintas a las nuestras podrían explicar distinto ciertas experiencias y por lo tanto tendrían otros mundos de sentido y de vivencia a la mano.” (Ver para Crear – Marcelo Krynski)

El Oasis

Cuentan que a un oasis llegó un joven, tomó agua, se aseó y le preguntó a un viejecito que se encontraba descansando:

– ¿Qué clase de personas hay aquí?

En vez de responderle, el anciano le preguntó:

– ¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?

– “Oh, un grupo de egoístas y malvados” replicó el joven.

– “Estoy encantado de haberme ido de allí”.

A lo cual el anciano comentó:

– “Lo mismo habrás de encontrar aquí”.

Ese mismo día, otro joven se acercó a beber agua al oasis, y viendo al anciano, preguntó:

– ¿Qué clase de personas viven en este lugar?

El viejo respondió con la misma pregunta:

¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?

– “Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado”.

– “Lo mismo encontrarás tú aquí”, respondió el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo:

– ¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?

A lo cual el viejo contestó:

– Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquel que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí.

– Aquel que encontró amigos allá podrá encontrar amigos acá.

“Uno nunca sabe lo que va a suceder. Y es hermoso que uno nunca lo sepa. Si fuera predecible, no valdría la pena vivir la vida. Si todo fuera como te gustaría que fuese y si todo fuera una certeza, no serías un hombre, serías una máquina. Sólo existen certezas y seguridades para las máquinas”.

Antonio Osho

Certeza

No es de extrañar que la gente crea con total convicción cosas como “lo que yo veo es lo que está allí”, “lo que yo digo es lo que el otro debería escuchar” y “lo que yo escucho es lo que el otro dice”.

Pero, aunque parezcan razonables, estas frases no son correctas. Más aún, son peligrosas. Como decía Nietzsche, “sólo un demente se deja guiar por la certeza”.

Cuando uno cae en la trampa de la certeza, asume que la realidad tiene que ser de la manera en que uno ve las cosas y, por lo tanto, que todo el mundo debe verlas de la misma manera. Si alguien no está de acuerdo con las percepciones, opiniones, sentimientos y acciones de uno, forzosamente debe de estar equivocado, ser ignorante o tonto. La certeza no deja espacio para modelos mentales alternativos, e impide reconocer que la experiencia personal no es la realidad incondicional.

La certeza es uno de los mecanismos de defensa del modelo mental. Así como el sistema inmunológico genera anticuerpos para destruir microorganismos agresores, el modelo mental genera opiniones descalificadoras para destruir los desafíos a sus certezas.

Por ejemplo, uno presume inmediatamente que quien se opone a sus ideas tiene un propósito oculto o malas intenciones. O suele ocurrir que uno asume que ya cuenta con toda la información relevante, por lo cual escuchar a los otros es una pérdida de tiempo.

La certeza impide que la persona considere situaciones o ideas radicalmente distintas de las de su modelo mental. Si uno cree que su verdad es la verdad (absoluta y cierta), no puede cambiar cuando cambia el mundo. Queda atrapado en su (realidad) creyendo que es la realidad; estancado en las viejas ideas que le impiden adaptarse. Esta actitud es fuente de innumerables problemas en las interacciones humanas. Un jefe le dice a su empleado que “en realidad” su trabajo es inaceptable, en vez de decir que él no está satisfecho con su trabajo.

Un cliente le dice a su proveedor que “en realidad” el producto es demasiado caro, en vez de decir que él no está dispuesto a pagar su precio. Un manager le dice a otro que “en realidad” tienen que cambiar el diseño del producto, en vez de decir que esos cambios son los que él preferiría. Un CEO le dice a su gente que “en realidad” la compañía debe redimensionarse despidiendo empleados, en vez de decir que él no sabe cómo hacer rentable a la compañía sin reducir sus costes laborales.

“Ve lo que los demás no ven. Lo que los demás deciden no ver, por temor, conformismo o pereza. Ver el mundo de forma nueva cada día”.