Fostering Talent - Instituto de Desarrollo Personal y Profesional

Certificación Internacional

Liderazgo Personal

Módulo 7

Comunicación Efectiva II

Promesas

La promesa es un acto lingüístico por el cual alguien asume el compromiso de producir algo en el futuro, mediante la ejecución de ciertas acciones (por sí mismo, o por aquellos por quienes asume la responsabilidad). «Iré a la reunión», «Te llamo con una respuesta antes de las seis y media», «Nuestro técnico irá a revisar su ordenador mañana a la tarde”, «Juro defender la Constitución», son ejemplos de promesas. En cada caso, quien promete declara su compromiso de generar ciertas condiciones futuras.

Características de las promesas

  • Son responsabilidad de quien promete.
  • Generan redes de compromisos.
  • A veces no son explícitas.
  • Dependen del contexto.
  • Se saldan mediante una declaración de cumplimiento.
  • Conllevan un riesgo interpretativo.
  • Conllevan un riesgo de ejecución.
  • Si son oscuras, generan “desinteligencias”. Ejemplo: “Quizás lo tenga para mañana”.

Prometer es honrar un compromiso responsablemente.

Una promesa es responsabilidad de quien promete

Quien hace una promesa, se compromete con absoluta responsabilidad.

El compromiso expresado mediante la promesa es un acto libre y voluntario que pone en juego la integridad de la persona (a menos que exista coerción). Al decir “prometo”, uno acepta la responsabilidad de honrar tal compromiso.

Se pueden delegar las acciones necesarias para cumplir una promesa, pero la responsabilidad es indelegable. Quien “firma” el contrato queda comprometido, aun cuando su promesa implique que otra persona será quien realice tales acciones.

Cuando prometemos hacer algo, no valen las excusas del tipo “no podía decirle que no”, o “me insistió tanto que tuve que decirle que sí”. Si uno no quiere hacer lo que otro le pide, la única respuesta honorable es declinar; decir, sencillamente, “no”.

Adoptar la posición de víctima, pensando que uno no tiene alternativa, es una trampa que le quita valor y dignidad a la persona, y genera grandes problemas en las relaciones y en la efectividad.

Las promesas generan redes de compromiso

Cada promesa posibilita (e implica) otras promesas, con lo que crea redes de compromisos.

Cuando el gerente de producción promete al de ventas que terminará el producto dentro de una semana, este último puede prometer al cliente que recibirá el producto terminado en no más de diez días. Esto faculta al gerente a prometer a su cliente que su pedido será satisfecho antes de fin de mes, lo cual permite a este segundo prometer a su directorio que el lanzamiento del nuevo producto se hará de acuerdo con la programación original.

Cada promesa es un eslabón en la cadena de compromisos que sostiene el funcionamiento de cualquier empresa. De la misma forma, las cadenas de compromisos inter-empresarios sostienen el funcionamiento del sistema económico.

A veces las promesas no son explícitas

El problema de las promesas implícitas es que distintas personas pueden asumir que hay distintas promesas vigentes, en curso, en acción.

Por ejemplo, uno puede suponer que su jefe ha “prometido” pagarle horas extra, mientras que el jefe supone que uno ha “prometido” trabajar hasta cuando fuera necesario sin compensación adicional. En estos casos, es necesario hacer explícitas las promesas implícitas.

Las promesas dependen de un contexto

Dado que las promesas son contexto-dependientes, las diferentes interpretaciones de los contextos y de los compromisos pueden infligir estragos en los vínculos en los que existen diferencias culturales.

Esto sucede con las normas de etiqueta. En la Argentina, si uno promete ir a una fiesta a las nueve de la noche, podría crear gran embarazo si llegara antes de las nueve y media; pero si hace tal promesa en Alemania, podría causar un problema si llega después de las nueve y cinco. La globalización de las comunicaciones y las diferencias culturales demandan que uno esté siempre alerta para considerar los contextos interpretativos en las cuales se establecen los compromisos.

Las promesas se saldan mediante una declaración de cumplimiento

Para dar por cumplida una promesa, hace falta una declaración de satisfacción por parte del receptor.

Si uno acepta un pedido en el cual su interlocutor le solicita que le entregue un informe a las cinco de la tarde, su promesa permanecerá abierta hasta que el interlocutor considere que ha cumplido las condiciones de satisfacción estipuladas. Por ejemplo, puede darle el informe a tiempo, pero el otro puede considerarlo desordenado, incompleto o inaceptable por alguna otra razón. En ese caso, el cumplimiento de la promesa se halla en cuestión.

Si al entender del interlocutor el informe ha observado las condiciones de satisfacción, él dirá «Gracias», forma normal de declarar que la promesa ha sido cumplida. Es importante señalar que «gracias» no es sólo una expresión de gratitud, es también un juicio que expresa satisfacción y que da por consumada la promesa.

Las promesas conllevan riesgo interpretativo

Podría creerse que siendo cuidadoso en las comunicaciones y diligente en las acciones, se evitan los incumplimientos de las promesas. Pero dados los distintos modelos mentales en los que la interpretación del lenguaje tiene lugar, es imposible asegurarse de que todos los participantes de una conversación comprendan lo mismo.

Uno puede creer que está prometiendo” A”, mientras que el otro ha entendido ”B”. Este riesgo es inevitable, pero se puede reducir su probabilidad. Tomarse el tiempo necesario para establecer un marco interpretativo compartido reduce significativamente las interpretaciones equívocas.

La clave es recordar que las promesas son contexto-dependientes y las distintas personas operan a veces desde distintos contextos. Por eso es importante desarrollar un contexto común.

Las promesas conllevan riesgo de ejecución

El futuro, al igual que las acciones de otras personas de quienes pueden depender nuestras promesas, son impredecibles. Aunque uno crea que podrá hacer lo que promete, siempre existe el riesgo de algún imprevisto que le impida cumplirla.

Cuanto más arriesgada sea la promesa (por ejemplo, mayores demandas con menores recursos), más probable es que algo falle. Es imposible eliminar completamente el riesgo ejecutivo, pero uno puede reducirlo prometiendo solamente aquello que evalúa (después de un análisis cuidadoso) que podrá cumplir.

Las promesas oscuras generan «desinteligencias»

A veces se quieren reducir los riesgos de ejecución de una promesa incrementando los niveles de interpretación y entonces hacemos promesas ambiguas, entonces prometemos «cubriéndonos las espaldas» y sin asumir riesgos. Un ejemplo típico es el de quien promete “tratar de hacer algo” o “ver qué se puede hacer sobre el tema”.