Fostering Talent - Instituto de Desarrollo Personal y Profesional

Certificación Internacional

Liderazgo Personal

Módulo 4

Saber qué priorizar

De Víctima a Protagonista

Siempre se pueden encontrar factores externos que contribuyan a producir las situaciones en las que nos encontramos. Estos factores externos suelen estar fuera de nuestro control, por lo que no resultan un buen instrumento para el cambio.

También es cierto que podemos encontrar siempre factores internos, como nuestras ideas y nuestra conducta, que están contribuyendo con la circunstancia que estamos experimentando y que sí están bajo nuestro control, aún en situaciones de extrema dificultad. Estos factores internos ofrecen muchas más posibilidades de modificación, ya que dependen directamente de nosotros. 

Por eso es conveniente “ubicarse en el mapa” causal de la situación. Uno puede contribuir cambiar aquello de lo que es parte y que posiblemente esté contribuyendo a crear. Saber qué priorizar para poder actuar.

Dificultad para expresar valores y principios

  • ¿Qué estás haciendo, o no haciendo, que te impide realizar tus valores o expresar tus principios más plenamente? 
  • ¿Qué acciones estás emprendiendo en contradicción con tus compromisos? 

¿Hacer la lista de las cosas por hacer es suficiente?

La tentación a esta altura es tratar de corregir estos problemas apresuradamente; confeccionar una lista de “cosas para hacer” y proponerse firmemente tildar cada uno de los ítems como “cumplido” en el corto plazo.  

Esto parece una buena idea, pero tiene un defecto fundamental. ¿Cuál es el problema? En pocas palabras, que no funciona. 

Kegan y Lahey llaman a estas conductas, “resoluciones de año nuevo”; resoluciones efímeras e inefectivas para producir cambios. Todos hemos visto cómo nuestras convicciones del 1 de enero se convierten en débiles intentos en febrero y piadosos olvidos en marzo. “Tomar decisiones de año nuevo”, explican Kegan y Lahey, “encuadra los comportamientos como expresiones de conducta poco profesional o inefectivas. Interpretamos, entonces estos comportamientos como muestra de indisciplina.” Al sentirse indisciplinado, uno transfiere la culpa —antes depositada en los demás— hacia uno mismo. Rara vez esto produce modificaciones sostenidas en la conducta. 

Del "Saber qué" al "Saber cómo" y al "Querer hacer"

Una clave para entender por qué este método de “arreglar los problemas” no funciona, es preguntarse si las respuestas a las preguntas de la segunda parte son sorprendentes. 

El 100% de los participantes que realizaron este ejercicio expresaron que no. Con una sonrisa embarazosa todos reconocen que las respuestas no son ninguna novedad. Que hace tiempo ya que “saben” que deberían modificar algunas de las cosas que están haciendo. Que deberían cambiar.

Este “saber”, por supuesto, es meramente informativo; es un “saber qué”. Pero la información no se transforma en acción sin compromiso y conocimiento. Para “hacer”, además de “saber qué” hay que “saber cómo” y, tal vez más importante aún, “querer hacer”.  

Los problemas más importantes no son aquellos que podemos resolver sino aquellos que pueden resolvernos

Ya que la información es conocida, y la voluntad de cambio existe —por lo menos a nivel explícito—, lo que mantiene la situación constante puede ser:

  • una falta de habilidad para llevar a cabo la nueva conducta
  • la existencia de un deseo o valor implícito contradictorio al explícito
  • una combinación de los dos anteriores 

Para descubrir la razón profunda del equilibro y diseñar una estrategia de cambio exitosa, Kegan y Lahey sostienen que es necesario resistir el impulso de “resolver” el problema y dejar que el problema lo “resuelva” a uno. 

Este “resolver” significa dejar que el problema ilumine alguna barrera al cambio que hasta ese momento había permanecido oculta y que permita desactivarla.  

El primer paso es aprender de las conductas contraproducentes. Estas conductas esconden una lección, contienen una clave capaz de liberar inmensas fuentes de energía. Por eso es tan importante no descartarlas apresuradamente mediante juicios de “maldad” o intentos de “corrección”. 

El objetivo no es resolver el problema, sino usarlo para expandir nuestras habilidades. Al igual que antes honramos a la queja transformándola en un compromiso con principios y valores, ahora debemos honrar a las conductas problemáticas transformándolas en linternas que iluminen la complejidad de nuestra condición humana. 

Sólo llegando hasta las raíces más hondas de la homeostasis podremos encarar un verdadero proceso de transformación. 

Como dicen Kegan y Lahey, los problemas más importantes no son aquellos que podemos resolver, sino aquellos que pueden “resolvernos”. “Los problemas que nos resuelven son aquellos que genuinamente nos hacen aprender. Ellos cambian nuestra manera de pensar.

«La vida -la mejor de las maestras- nos molesta en formas útiles; nos da problemas que pueden expandir nuestra comprensión. A nosotros nos toca prestar atención y aprender la lección.»

Fred Kofman