Fostering Talent - Instituto de Desarrollo Personal y Profesional

Certificación Internacional

Liderazgo Personal

Módulo 3

Libertad Incondicional

“El lenguaje constituye uno de los componentes fundamentales a partir de los cuales construimos nuestros modelos mentales del mundo, y puede ejercer una tremenda influencia sobre el modo en que percibimos la realidad y respondemos ante ella.”

Robert Dilts

Nuestro fin en mente de este módulo es:

  • Conocer el efecto de los Modelos Mentales en la percepción de las realidades en las que estamos inmersos
  • Revisar los factores que influyen en el proceso de formación de nuestros Modelos Mentales
  • Afirmar la importancia del valor de la responsabilidad y la libertad incondicional en los procesos de liderazgo personal

Redacta un compromiso contigo mismo:

*Tómate unos minutos para reflexionar.

  1. ¿Qué estás dispuesto a hacer para trabajar sobre tu responsabilidad y libertad incondicional?
  2. ¿Qué de lo aprendido del módulo anterior pondrás a tu disposición?

“Debes asumir responsabilidad personal. No puedes cambiar las circunstancias, las estaciones o el viento, pero te puedes cambiar a ti mismo. Eso es algo que tienes a tu cargo.”

Jim Rohn

Liderazgo Personal:

Modelos Mentales, Responsabilidad y Libertad Incondicional

Comienza con un ejercicio. Observa las imágenes siguientes y responde ¿Qué observas?

Algunas de las respuestas más comunes son:

Una persona dice: “Es un perro” y otra puede decir, “es una familia”, o “un papá y una mamá con un bebé”

Estas personas están convencidas de que su forma de ver es la correcta.

Es común encontrarse que las percepciones puedan ser diferentes en cada persona.

La pregunta fundamental es ¿dónde está la imagen? ¿En la lámina o en la cabeza de

quien la percibe? Generalmente asumimos que está en la lámina. También asumimos que hay una sola imagen en la página y que todo el mundo va a verla como nosotros la vemos de manera inmediata sin duda o ambigüedad.

Pero la imagen no está en la página—ésta contiene solamente puntos de tinta y espacios

en blanco—sino que la creamos en nuestra mente. Activamente construimos el sentido de lo que vemos, es decir, estos puntos claros y oscuros; construimos internamente nuestra interpretación de la realidad.

Muchos de nuestros problemas interpersonales aparecen porque la realidad que uno

construye puede ser totalmente diferente a la realidad que construye el otro.

Estas imágenes se llaman “multi-estables” porque permiten varias interpretaciones diferentes, aunque igualmente válidas. De acuerdo con estudios de psicología cognitiva, los seres humanos perciben este dibujo de una manera a la vez (su manera), con exclusión de otras maneras posibles. Se puede oscilar entre una percepción y otra, pero es extremadamente difícil ver simultáneamente dos formas diferentes.

Modelos Mentales

¿Qué son los modelos mentales?

Peter Senge expresa que los modelos mentales “son supuestos profundamente arraigados, generalizaciones, ilustraciones, imágenes o historias que influyen sobre cómo entendemos al mundo y cómo actuamos en él”.

Operan de manera no consciente, no nos damos cuenta que están allí como lentes

coloreando cómo percibimos el mundo e impactan nuestras vidas personales, nuestro

ámbito laboral, nuestras organizaciones sociales. Nos permiten dar sentido a la realidad y nos orientan cómo operar en ella con efectividad.

Los modelos mentales condicionan todas nuestras interpretaciones y acciones. Definen

cómo percibimos, sentimos, pensamos e interactuamos.

Los seis hombres ciegos y el elefante

Parábola india

Había una vez seis hombres ciegos que vivían en Indostán, que querían ampliar sus conocimientos y aprender cómo era un elefante, por lo que decidieron que cada uno, por la observación del tacto, podría satisfacer a su mente. 

El primero, al acercarse al elefante, chocó contra su lado ancho y fornido, por lo que en seguida empezó a gritar: 

“¡Bendito sea Dios! ¡El elefante es muy similar a una pared!” 

El segundo, palpándole el colmillo, gritó: 

“Oh! lo que tenemos aquí, es muy cilíndrico, suave, y aguzado. Para mí esto es muy claro, esta maravilla de elefante es muy parecido a una lanza”. 

El tercero se acercó al animal y tomó la trompa, la cual se retorció en sus manos. Así, audazmente dijo: 

“Yo veo”, acotó, “que el elefante es igual que una serpiente” 

El cuarto extendió su ávida mano Y se posó sobre la rodilla: 

A lo que más esta bestia maravillosa se parece, es muy llano”, comentó él; “Es bastante claro que el elefante es semejante a un árbol”.

El quinto, que se arriesgó a tocar la oreja, dijo: “Hasta el hombre más ciego puede decir a lo que esto más se parece: 

Niegue el hecho quien pueda, esta maravilla de elefante es igual que un abanico”. 

El sexto, en cuanto empezó a tentar a la bestia, asió su cola oscilante. 

“Yo veo”, dijo él, “que el elefante es como una soga”.- 

Y así, estos hombres de Indostán continuaron disputando ruidosa y largamente. 

Cada uno se mantenía en su propia opinión, siempre más rígida y fuerte, por lo que no podían llegar a un acuerdo ya que, como podemos ver, aunque cada uno estaba en parte en lo cierto, todos estaban errados.

A menudo nos vemos en situaciones similares a la de los seis hombres, dadas nuestras diferencias de percepciones.

La verdad de A contra la verdad de B

YO TENGO RAZÓN

Las diferentes percepciones, opiniones y acciones no constituyen un problema en sí mismas.

Ellas se vuelven conflictivas, sin embargo, cuando cada persona cree que su manera de ver las cosas (de acuerdo con su modelo mental) es la única manera de verlas; al menos, la única “razonable”. Por supuesto la “razonabilidad” es una opinión condicionada por el modelo mental de cada persona. Cada uno cree que su modelo mental es el válido. En vez de utilizar las diferentes percepciones para expandir sus perspectivas e integrarlas en una visión común, cada uno de los interlocutores se aferra a su punto de vista. En vez de indagar sobre el razonamiento del otro para comprender su modelo mental, los interlocutores se traban en una batalla para definir quién tiene la razón, quién tiene la interpretación “correcta” de la realidad.

AMNESIA PARADIGMÁTICA

La amnesia

En “La estructura de las revoluciones científicas,” Thomas Kuhn describe cuán difícil es para los científicos recordar que sus paradigmas prevalecientes son desarrollos históricos, en vez de verdades atemporales. Un paradigma es un modelo mental colectivo que articula una visión coherente de la realidad y organiza las teorías existentes en un momento dado, hasta que es sustituido por otro que provee un mayor grado de explicación de la misma realidad.

Estos paradigmas comienzan como un desafío revolucionario para la ortodoxia. Pero una vez que son aceptados se convierten en el dogma establecido de la profesión. Con el tiempo, la comunidad científica “olvida” que antes de la última revolución hubo muchos paradigmas que fueron oportunamente desautorizados y que cada uno de ellos, en su momento, parecía ser “el definitivo”.

Los científicos asumen una y otra vez que el paradigma del momento es el “realmente” definitivo. Por eso se ven sobresaltados una y otra vez cuando comienzan a surgir nuevas explicaciones que desafían el paradigma predominante, señalando sus carencias.

Las revoluciones científicas ocurren cuando se identifican vacíos y surgen nuevas explicaciones a un mismo fenómeno por lo que se hace necesario revisar y cuestionar el paradigma vigente. Los cambios paradigmáticos, como todos los cambios en los modelos mentales, son traumáticos y producen rechazo en los que se adhieren a éstos porque las inconsistencias que se evidencian amenazan el statu quo y presagian la defunción de creencias celosamente guardadas. Por eso existe una fuerte inercia para suprimirlas. Pero las anomalías se resisten a desaparecer, lo que anuncia que las categorías del pasado ya no funcionan, que no son la verdad última.

Robert Pirsig proporciona un ejemplo de los peligros de crear categorías y después olvidar que son creaciones: “Los primeros zoólogos clasificaron como mamíferos a aquellos animales que amamantan a sus crías y como reptiles a aquellos que ponen huevos. Esto funcionó hasta que el ornitorrinco, una particular especie de pato, fue descubierto en Australia, poniendo huevos como un perfecto reptil y amamantado a sus crías como un perfecto mamífero. El descubrimiento creó gran conmoción.

¡Qué enigma!, se decía. ¡Qué misterio! ¡Qué maravilla de la naturaleza! Cuando el primer ejemplar llegó a Inglaterra desde Australia hacia el fin del siglo XVIII, los zoólogos pensaron que se hallaban frente a una falsificación.

Aún hoy aparecen artículos en revistas de ciencias naturales que se preguntan por qué existe esa paradoja de la naturaleza. Esta pregunta es el colmo del ridículo. El ornitorrinco no está haciendo nada paradójico. Él no tiene ningún problema. El ornitorrinco había estado poniendo huevos y amamantando a sus crías millones de años antes que los zoólogos lo declararan ilegal. El verdadero misterio es cómo observadores científicos, maduros, objetivos y entrenados, pudieron culpar de su error en las categorías, al pobre e inocente ornitorrinco”.

En su amnesia, uno cree que las categorías que usa para organizar el mundo provienen precisamente del mundo, en lugar de ser algo que uno inventó y luego incorporó a su modelo mental. Los zoólogos olvidaron que fueron ellos mismos quienes crearon la distinción entre mamíferos y reptiles. La “mamalidad” no es una propiedad inherente al ornitorrinco, tanto como la longitud no es una propiedad inherente a un objeto, o la paciencia no es una calidad inherente a una persona. La longitud es una comparación entre el objeto y un patrón de medida (dos personas podrían discutir acaloradamente si una pantalla de televisión mide cincuenta centímetros o veinte pulgadas). La paciencia es una atribución que una persona hace sobre una característica de otra, basada en las observaciones de su comportamiento y la comparación de esas observaciones con sus criterios subjetivos sobre la paciencia.

Cuando todo funciona bien, es muy eficiente operar dentro de los esquemas pre-establecidos. Pero cuando aparece un problema aparentemente insoluble (como el ornitorrinco), la amnesia se vuelve inefectiva y bloquea al aprendizaje.

Antes de revisar las premisas de los modelos que usamos, debemos recordar que estos modelos y categorías no se derivan directamente de la realidad. Los paradigmas son creaciones humanas, condicionadas por los modelos mentales operantes en el momento de su creación. Para adecuar las categorías a las necesidades del presente, es necesario comprender que si el ornitorrinco hubiera sido nativo del área donde vivieron los primeros zoólogos, estos habrían creado otra forma de distinguir géneros en el reino animal.

El problema es que, aunque arbitrarias, las categorías del modelo mental operante ganan realismo y credibilidad a través de su uso continuado. Cuando las ideas retroceden a la noche de los tiempos, se vuelven rígidas y dogmáticas.

El abandono del dogmatismo es absolutamente crítico para encarar todo proceso de reingeniería. Para poder re-diseñar los procesos, es necesario recordar que lo que hoy se hace (aun cuando “siempre” se haya hecho así), es simplemente la forma en que el diseñador original resolvió el problema de acuerdo con su modelo mental y sus posibilidades. Con la evolución de la tecnología y los cambios en los mercados, es normal que este proceso deje de ser la mejor forma de operar en las nuevas circunstancias. Pero con la repetición, el proceso va adquiriendo “realidad” hasta que se vuelve la forma “natural” y “obvia” de hacer las cosas. No es nada sorprendente que la reingeniería más difícil no sea la de los materiales, sino la de los modelos mentales.

Fuentes de los modelos mentales

Las fuentes de los modelos mentales son los filtros a través de los cuales los seres humanos organizamos y damos sentido a nuestras experiencias.

Podemos identificar cuatro fuentes:

  • la biología
  • el lenguaje
  • la cultura
  • la historia personal.

Estas cuatro fuentes determinan también la respuesta “habitual” a ciertas circunstancias, programada en el modelo mental.

 

La biología

La similitud de nuestra biología nos permite operar en una realidad común: por ejemplo, jugar al baloncesto. Sin embargo, el que es bajo de estatura percibe la realidad del juego diferente al que es alto.

 

El Lenguaje

El lenguaje es el medio en el que se estructura la conciencia del ser humano.

El lenguaje es el espacio de sentido en el que lo que llamamos “la realidad” (la nuestra) aparece en forma inteligible y comunicable.

 

La Cultura

La tercera fuente de los modelos mentales es la cultura.

Se puede considerar la cultura como un modelo mental colectivo.

 

Historia personal

La cuarta fuerza que da forma a los modelos mentales es la historia personal: está condicionada por el sexo; la nacionalidad; el origen étnico; las influencias familiares’ la condición social y económica; el nivel de educación; la forma en que uno fue tratado por sus padres, hermanos, maestros y compañeros de la infancia; la manera en que uno comenzó a trabajar y se volvió auto-suficiente, etc.

“Yo jamás iría a la hoguera por una opinión mía, después de todo no tengo certeza alguna. Por el contrario, defendería el derecho de poder cambiar de opinión cuantas veces yo quiera.” 

Friedrich Nietzsche

Certeza

No es de extrañar que la gente crea con total convicción cosas como “lo que yo veo es lo que está allí”, “lo que yo digo es lo que el otro debería escuchar” y “lo que yo escucho es lo que el otro dice”.

Pero, aunque parezcan razonables, estas frases no son correctas. Más aún, son peligrosas. Como decía Nietzsche, “sólo un demente se deja guiar por la certeza”. Cuando uno cae en la trampa de la certeza, asume que la realidad tiene que ser de la manera en que uno ve las cosas y, por lo tanto, que todo el mundo debe verlas de la misma manera. Si alguien no está de acuerdo con las percepciones, opiniones, sentimientos y acciones de uno, forzosamente debe de estar equivocado, ser ignorante o tonto. La certeza no deja espacio para modelos mentales alternativos, e impide reconocer que la experiencia personal no es la realidad incondicional.

La certeza es uno de los mecanismos de defensa del modelo mental. Así como el sistema inmunológico genera anticuerpos para destruir microorganismos agresores, el modelo mental genera opiniones descalificadoras para destruir los desafíos a sus certezas.

Por ejemplo, uno presume inmediatamente que quien se opone a sus ideas tiene un propósito oculto o malas intenciones. O suele ocurrir que uno asume que ya cuenta con toda la información relevante, por lo cual escuchar a los otros es una pérdida de tiempo.

La certeza impide que la persona considere situaciones o ideas radicalmente distintas de las de su modelo mental. Si uno cree que su verdad es la verdad (absoluta y cierta), no puede cambiar cuando cambia el mundo. Queda atrapado en su (realidad) creyendo que es la realidad; estancado en las viejas ideas que le impiden adaptarse. Esta actitud es fuente de innumerables problemas en las interacciones humanas. Un jefe le dice a su empleado que “en realidad” su trabajo es inaceptable, en vez de decir que él no está satisfecho con su trabajo.

Un cliente le dice a su proveedor que “en realidad” el producto es demasiado caro, en vez de decir que él no está dispuesto a pagar su precio. Un manager le dice a otro que “en realidad” tienen que cambiar el diseño del producto, en vez de decir que esos cambios son los que él preferiría. Un CEO le dice a su gente que “en realidad” la compañía debe redimensionarse despidiendo empleados, en vez de decir que él no sabe cómo hacer rentable a la compañía sin reducir sus costes laborales.

Responsabilidad

Si hacerse responsable y protagonista es tan efectivo, si desligarse del problema y verse como víctima es tan inefectivo, ¿por qué las personas tienden a actuar como víctimas y no como protagonistas? Porque creemos que la seguridad y la felicidad se consiguen mediante la aprobación del otro; porque creemos que el bienestar y el éxito se derivan de la inocencia y el complacer a los demás. En nuestra mente infantil, ser responsable equivale a “ser causante” o “culpable” de algo. Y ser culpable es algo malo. No sorprende que uno defienda su inocencia desapegándose del problema.

Ejemplos: Al preguntar a la gente por qué atiende el teléfono o detiene su automóvil en una luz roja, la mayoría responde que atiende el teléfono porque suena o que detiene su automóvil porque el semáforo se pone rojo. Esta explicación condiciona su comportamiento a un factor del entorno. No hay lugar en esta teoría para la elección consciente: la persona es un robot que responde a estímulos externos según reglas pre programadas. Esto no puede ser correcto. Todos hemos tenido experiencias de no atender un teléfono que suena, o no detenernos ante una luz roja. La explicación debe incluir algo más. Por supuesto, este “algo más” resulta incómodo ya que nos saca del escondite y nos deja al descubierto. Cuando el teléfono suena en medio de una reunión y, encogiéndome de hombros, le digo a mi interlocutor: “disculpe, tengo que tomar el llamado”; en rigor de verdad estoy mintiendo. No tengo que tomar ningún llamado. Más bien elijo tomarlo (en posible detrimento de la conversación que estoy sosteniendo). Es mucho más fácil echarle la culpa al teléfono que asumir responsabilidad por la interrupción. Es como si le dijera a mi interlocutor: “si esto le molesta, moléstese con el teléfono; no conmigo. yo no tengo nada que ver”.

¿RESPUESTA CONDICIONADA AL ENTORNO?

Todo comportamiento se origina en la conciencia del ser humano (sus modelos mentales). Lo que ocurre fuera de esa conciencia no induce a la acción; simplemente la influye. Uno no responde al teléfono porque suena, ni detiene su automóvil porque se enciende la luz roja del semáforo, ni hace cualquier otra cosa a causa de lo que ocurre en su entorno. Uno elige hacer lo que hace como respuesta a la situación que percibe, elige actuar de la manera como lo hace, porque le parece que es la mejor posible (dadas las circunstancias) para perseguir sus intereses de acuerdo con sus valores. Los hechos externos no son estímulos, sino información. 

Respondemos al teléfono cuando oímos que suena, porque queremos comunicarnos con la persona que llama; frenamos cuando percibimos que el semáforo pasa del verde al rojo, porque no queremos sufrir un accidente. Hacemos lo que hacemos cuando recibimos la información de nuestro entorno, porque pensamos que esa es la manera más eficiente para alcanzar nuestros objetivos dentro del marco de nuestros valores. Cuando contestamos el teléfono en medio de una reunión, nuestra declaración verdadera es: “entiendo que tomar esta llamada implica interrumpir nuestro diálogo, pero prefiero hacerlo ya que me interesa más averiguar quién es que está llamando que mantener el flujo de la conversación”.

Esto suena mucho menos “gentil” que disculparse por tener necesidad de atender el teléfono. Pero la gentileza aparente que viene aparejada con la irresponsabilidad no es más que hipocresía. La verdad es que me interesa más contestar el teléfono que continuar la conversación; por eso es que elijo hacerlo.

Consciencia de la capacidad de elección 

Independientemente de la naturaleza de sus circunstancias, el ser humano puede prestar atención, darse cuenta y elegir cómo responder. En su libro Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, Stephen Covey cita una frase que tuvo un fuerte impacto en su vida: “Entre el estímulo [y la reacción], hay un espacio. En ese espacio yace nuestra libertad y el poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta yacen nuestro crecimiento y nuestra felicidad”. Esta frase resume la diferencia entre el modelo del estímulo-reacción y el de información respuesta; entre la reactividad y la responsabilidad.

LIBERTAD DE ELECCIÓN

La libertad de elegir equivale a la obligación de justificar. El libre albedrío compele al ser humano a dar cuenta de su respuesta a las circunstancias. En inglés, la palabra accountability se refiere a este aspecto de la responsabilidad: la necesidad de rendir cuentas por el comportamiento. La moneda tiene dos caras: el poder de decisión de un lado, y la obligación de responder por esa decisión del otro. El miedo a esa responsabilidad es lo que impulsa a muchas personas a adoptar el papel de víctima. Al apropiarnos de nuestras acciones, debemos apropiarnos también de sus consecuencias. Al hacernos cargo de nosotros mismos, somos susceptibles de tener que dar explicaciones.

LIBERTAD INCONDICIONAL

La libertad esencial del ser humano es incondicional, ya que, dentro de las restricciones impuestas por la situación, la persona puede elegir lo que crea que es la mejor alternativa para ella. La incondicionalidad no significa que no hay restricciones, sino que la persona tiene siempre infinitas opciones dentro del conjunto de respuestas posibles. La persona siempre es libre de elegir su respuesta, pero a veces elige ser inconsciente de esta libertad y actuar como si no fuera libre. Ese es el caso de la víctima. En su modelo mental, la víctima se ve determinada por los acontecimientos externos. Lo que la víctima no ve es que su perspectiva es la que la condiciona, no los hechos del mundo. 

Libertad no significa hacer lo que uno quiere; libertad significa elegir frente a una situación dada, la respuesta más congruente con los propios valores e intereses. Una definición interpersonal de libertad nos dice que es la capacidad de hacer elecciones sin amenazas de coerción. Uno es libre cuando puede decidir qué hacer sin ser forzado (amenaza o ataque físico contra la persona o su propiedad).

La libertad social se funda en el respeto por el otro y el compromiso absoluto con el valor de la no-agresión. El único límite a la libertad social del individuo es el derecho similar de otros individuos a vivir su vida de acuerdo con sus elecciones, sin amenazas de violencia. Esto es dramáticamente distinto del concepto de la libertad como capacidad para elegir entre muchas opciones. No es más libre quien tiene más recursos o posibilidades de acción (una persona de fortuna, por ejemplo), sino quien puede controlar su destino sin verse sujeto a la agresión de otros.

“Acepta la responsabilidad de tu vida. Debes saber que eres tú el que te llevará a donde quieres ir, no hay nadie más.”

Les Brown